La prueba gratuita no es una versión de demostración recortada. La cuenta que abrimos es el mismo software que corre en los planes de pago: todos los módulos están abiertos, el número de usuarios no está limitado, las pantallas de informes no están apagadas. La única diferencia es el tiempo: catorce días.
La pregunta que hay que hacerse antes de comprar un software no es «¿qué hace?» sino «¿saca adelante mi jornada?». La respuesta a la segunda no está en un vídeo de presentación, sino en una agenda abierta con su propia lista de servicios.
Nadie le seguirá llamando durante la prueba. Después de la conversación de instalación escribimos una vez más, normalmente hacia el quinto día, para preguntar si algo se ha atascado. La decisión es suya y sigue siendo suya durante todo el periodo.
No pedimos tarjeta de crédito. Rellenar el formulario no inicia ninguna suscripción y al terminar el plazo no se cobra nada. Si el día catorce elige un plan, la misma cuenta continúa sin interrupción; si no, la cuenta se cierra, los datos introducidos se guardan treinta días y se le entregan cuando los pida.
Lo que hace útil una prueba es que corra con sus propios datos. Recorrer un negocio de ejemplo muestra cómo se ve el software, pero no si encaja con su trabajo. Por eso, en la instalación introducimos su lista de servicios, sus duraciones y sus precios; la primera cita la abre en su propia agenda.
La información de esta página describe la versión actual del producto. No presentamos una función que no existe ni imprimimos una cifra cuya base no podamos indicar; si algo aquí está desfasado, escríbanos y lo corregiremos. La prueba gratuita es de catorce días y no se pide tarjeta de crédito. Respondemos a las solicitudes escritas dentro del mismo día laborable. El alcance de los planes y las tarifas vigentes están en la página de precios, y la versión vinculante de nuestros compromisos sobre datos personales está en el aviso de protección de datos.